
Luego llegó el papamoscas, se paseó también por el alféizar de la ventana, creo recordar que también tuvo alguna pelea contra el cristal. Éste, junto a su pareja, fueron construyendo un nido en la rama del chopo de enfrente, los veíamos como trabajaban frenéticamente, traían ramitas y la hembra daba forma al nido con su cuerpo. Este chopo es el que una vez una señora nos dijo que deberían talarlo para que tuvieramos unas bonitas vistas al rio, en fin...
Al nido de papamoscas le hicimos un buen marcaje, seguíamos todos sus movimientos con los prismáticos, incluso hicimos fotos (a ver si recupero alguna). Un día bajamos al bar y pudimos ver los huevos, estábamos tan contentos, ¡ni que fuéramos los padres!. La hembra los incubó durante un tiempo y otro día vimos a las crias, bueno las vió rafa, yo sólo pude imaginar que un peluche que se asomaba eran sus cabecitas. Y de repente, zas, desaparecen, no volvimos a saber de ellos, y no sabemos qué pasó, igual murieron los polluelos, o les pasó algo a los padres, fue un mazazo para nosotros.

Y ahora tenemos dos nidos de jilgueros (o cagarneras), uno en una rama lateral derecha del chopo, y otro en la rama lateral izquierda. El nido no sé ve bien, yo sólo veo una maraña, pero a los jilgueros sí que los vemos, posados en las ramas cercanas. Son pequeñitos y tienen una mancha roja en la cabeza.

El último visitante ha sido una lavandera blanca, ¿cuáles serán sus planes? seguiremos vigilando la ventana al mundo pajarero.
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